Si vives en la Ciudad de México o eres un apasionado de la buena mesa, seguro has escuchado el revuelo que se ha armado últimamente en la colonia Juárez. Decidí ir a comprobar por mí mismo de qué se trata La Once Mil (11,000), el nuevo y ambicioso proyecto de los mismos creadores de Babero. Si su hermano mayor en la Roma me había conquistado con su vibra chic y sus pastas, este nuevo rincón me voló la cabeza con una propuesta que se siente mucho más madura, sofisticada y enfocada en el producto.
Aquí te comparto mi experiencia recorriendo este nuevo templo gastronómico en tres actos.
1. El espacio: El encanto de la Juárez elevado al máximo
Lo primero que me impresionó al llegar fue la atmósfera. Mientras que Babero es luz, frescura y una esquina abierta a la vibrante vida de la Roma, La Once Mil se siente como un refugio sofisticado y un tanto misterioso en el corazón de la Juárez.
El diseño interior juega con una iluminación más íntima, texturas elegantes, maderas oscuras y detalles que evocan a los grandes bistrós y steakhouses neoyorquinos o europeos, pero con ese pulso contemporáneo tan propio de la CDMX. Desde que crucé la puerta, sentí que el espacio te invita a bajar el ritmo, desconectarte del caos exterior y prepararte para una noche donde la comida y la sobremesa larga son las absolutas protagonistas. Es el lugar perfecto para impresionar en una cita o celebrar una ocasión especial.
2. La cocina: Del fuego a la mesa con una técnica impecable
Si en Babero mi debilidad fueron los lácteos y el carbohidrato reconfortante, en La Once Mil descubrí un menú que rinde culto al fuego, a los cortes de carne de calidad suprema y a los mariscos frescos con una ejecución técnica impecable.
Esto fue lo que más me cautivó de su propuesta culinaria:
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La obsesión por el producto: El menú transita con mucha elegancia entre entradas frescas del mar y platos fuertes de gran potencia. La curaduría de los ingredientes es notable; cada bocado se siente justificado y equilibrado.
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Los platos fuertes: Me dejé guiar por las recomendaciones y los platos que salen de su cocina —especialmente los cortes a la parrilla con términos perfectos y salsas profundamente complejas— demuestran que aquí la madurez gastronómica del grupo alcanzó un nuevo nivel.
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Los acompañamientos: Detalles como los purés tersos, los vegetales perfectamente rostizados y sus panes artesanales complementan la experiencia de una forma extraordinaria.

3. La coctelería y el arte de la sobremesa
Para mí, un gran restaurante no está completo sin una barra que esté a la altura de la cocina, y aquí la experiencia líquida es un viaje aparte. La propuesta de coctelería de La Once Mil se inclina hacia los clásicos perfectamente ejecutados, pero con sutiles giros de autor que complementan la intensidad de los platos.
Disfrutar de un trago de autor impecablemente servido mientras la música se funde con el murmullo de las conversaciones me hizo entender el verdadero propósito de este lugar. No es un sitio para comer rápido e irse; está diseñado para la vieja escuela de la hospitalidad, donde pides un cóctel más, compartes un postre espectacular (su propuesta dulce también es de aplauso) y dejas que la noche se extienda sin prisa. Sin duda, se ha convertido en mi nuevo refugio favorito de la Juárez.
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